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jueves, 24 de noviembre de 2016

Juristas apuestan por la equidad


Juristas y especialistas de la Riam en una de las capacitaciones.

Por Jesús E. Muñoz Machín

Juristas de la accidental provincia de Artemisa reflexionarán la perspectiva de género en el ámbito legal y el rol de hombres en la promoción de una cultura de paz, como parte del posgrado “Género, Derecho, masculinidades y prevención de la violencia”.

La iniciativa, resultado de las alianzas entre la Unión Nacional de Juristas (UNJC) y la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (Riam), tendrá lugar del 28 de noviembre al 2 de diciembre venideros.

viernes, 19 de junio de 2015

Del bául de los recuerdos: Longeva al volante



A Mirtha Arozarena no le importaron los prejuicios, estereotipos y la desconfianza cuando en 1974 decidió ingresar al curso de taxistas.

PD: Este trabajo fue fruto de mis andanzas por Artemisa hace casi dos años... Pero hace poco una miga me volvió a hablar de Mirtha, la taxista y quise volver a compartirlo...

Por Jesús E. Muñoz Machín
 

Fotos: Alain Gutiérrez.

Algunos sucesos pueden parecer cotidianos si convivimos con ellos a diario. Ello ocurre con la inusual historia de Mirtha Arozarena Valido, quien a sus 71 años maneja un taxi por las calles de la provincia Artemisa.

lunes, 25 de agosto de 2014

"BOMBERA, SIN IMPORTAR LO QUE DIJERAN"


Por Jesús E. Muñoz Machín
Fotos: Jorge Camarero Leiva



Casi en plena faena, con su traje amarillo y negro regresaba de una clase práctica. La entrevista sorprendió la, pero Yoandra Suárez López asumió el reto de contar su historia a otras jóvenes que pueden ver en ella una inspiración.

Ser la única graduada de Rescate y Salvamento en el país, la convierte en la excepción, no obstante, ella espera no serlo por mucho tiempo, pues «las mujeres hemos demostrado de lo que somos capaces», asegura. Y agrega: «Y así me libero de las entrevistas», dice en tono jocoso esta artemiseña de 30 años, profesora de la Escuela Nacional de Bomberos (ENB).
  
  
¡BOMBERA!

Nada fue azaroso, de los círculos de interés que comenzaron en las escuelas de su natal Artemisa, prefirió el de Rescate y Salvamento. «Desde los 16 años soy bombera voluntaria. A esa edad ya hacía de todo: apagar incendios, simulaciones de rescates y escalamientos», refiere.

Aunque otras muchachas matricularon, poco tiempo después quedó como la única del grupo. Junto al resto de sus compañeros continuó aprendiendo en cada clase o entrenamiento práctico.

Cuando la delegación de su provincia anunció el inicio del un curso profesional, Yoandra tenía bien clara su decisión: «bombera, sin importar lo que dijeran, yo quería ser bombera», asegura.

A las captaciones se presentaron alrededor de 30 personas y solo eligieron cuatro. «En ese pequeño grupo era la única mujer”, acota.

Quizás acostumbrada a adelantarse a los sucesos, respondió sin necesidad de una interrogante sobre los dos años de estancia en el curso de la Escuela Nacional de Bomberos (ENB), que inició en abril de 2012. «No me “pasaban la mano” por ser mujer. El rigor fue igual para todo el equipo. Había que correr, nadar, saltar, escalar, bucear, brindar primeros auxilios y realizar rescates en situaciones peligrosas como accidentes vehiculares y derrumbes.

«Incluso –agrega- en los entrenamientos de alto riesgo, me exigían más que a ellos. El profesor me decía: ‘Demuestra que el título no es regalado’. Por desgracia, hay mucho machismo y las mujeres tenemos que hacer un esfuerzo doble».

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA
Yoandra intenta disimular la sonrisa cuando relata la picardía con que enfrentó los prejuicios y los miedos de su familia, sobre todo de su padre.

«A los 16 años iba escondida de mi papá para los cursos de bomberos voluntarios. Y se enteró de que era especialista de rescate y salvamento cuando me gradué. Así de sencillo, le dije: ‘Mañana es mi graduación’».

Tampoco ha sido fácil con las amistades, que todavía miran con cierto recelo su decisión. «A cada rato alguien me pregunta si estoy loca», dice.

«Mi padre se ha adaptado un poco a la idea. Ahora lo acepta y siente orgullo, pero a veces me recuerda que no le agrada del todo».   


LA PROFE Y SUS RETOS

Yoandra es una mujer de desafíos, cuya días ahora transcurren en la Escuela Nacional de Bomberos (ENB), donde imparte clases de técnicas de rescate y salvamento, específicamente escalamiento.

Todos sus alumnos son hombres, jóvenes que reconocen sus capacidades y conocimientos. «Ellos me respetan y todo ha ido bien en las clases», acota.

El escalamiento es de las habilidades más difíciles, pero la bombera artemiseña se declara amante de los riesgos. Por ello, además de subir y deslizarse por cuerdas en edificaciones de gran altura, siente atracción por el buceo, la más peligrosa de las técnicas.

Por si fuera poco, admite que no estará complacida hasta que pueda saltar en paracaídas. «No es una locura ser rescatista. Así puedo salvar muchas vidas. Y también me gusta demostrar condiciones en lo que supuestamente las mujeres no podemos hacer».

Pero junto a su carrera como bombera, ella tiene otros retos. «Ahora lo más importante es superarme, terminar los estudios de enfermería que interrumpí en tercer año».

Y también deja bien claro que su compromiso como bombera será para toda la vida. «Cuando ustedes llegaron regresaba de un entrenamiento con especialistas rusos que imparten clases para perfeccionar las técnicas. Cada día se aprende algo nuevo. Me falta mucho por conocer, apenas estoy comenzando».

lunes, 17 de marzo de 2014

Experimentar, innovar, crear...



Marisela fue durante ocho años representante de la sede provincial de la Asociación Culinaria de la antigua provincia Habana.
Por Jesús E. Muñoz Machín

Fotos: Alain Gutiérrez.


La existencia de Marisela Herrera Chacón refleja una apasionada vida entre recetas y exquisitos platillos de cocina. Chef evaluada desde 1986, actualmente es la principal artífice de las delicias que se ofertan Restaurante-bar- cafetería-cabaret Ruanda, cooperativa no agrícola, que brinda servicios en la capital artemiseña.

Con casi tres décadas de experiencia en el arte de cocinar, Marisela comenzó a trabajar como encargada de la limpieza, pero su pasión por la cocina la hizo matricular en cursos efectuados en los hoteles Nacional y Sevilla, en La Habana.

Luego de ser certificada como cocinera, se propuso aumentar sus conocimientos básicos y emprendió un largo camino de superación, en el que sobresale su periodo de aprendizaje en la Escuela Arte Chef, en el Vedado capitalino.

Casi al unísono de sus estudios comenzó a brindar su aporte como profesora. Reconoce que la motivó el deseo de enseñar y facilitar el camino a las nuevas generaciones. “Antes las personas interesadas en la cocina pasaban más trabajo, porque los cursos siempre eran en La Habana. Ahora no hay que salir de la provincia y eso facilita el proceso de evaluación.

“Por ejemplo –explica-, yo le di clases a mis ayudantes, y así formé un equipo de trabajo completamente profesional, elegido de acuerdo con mis intereses”.

Confiesa que de su oficio le agrada todo. “Siempre quiero que el trabajo salga bien y por eso soy muy exigente. Si algo no está como quiero, me pongo tensa, no me relajo”, expresa.

Según comenta, “la cocina tiene que gustarte, porque es un arte y tiene mucho de paciencia e imaginación. Hay que tener creatividad para buscar alternativas cuando falta un determinado producto y para darle un sello propio a los platos”.

Tampoco para Marisela ha sido fácil imponerse en un entorno, donde si bien las mujeres son mayoría, los hombres suelen desempeñarse en posiciones más jerárquicas. “En Cuba tenemos bastantes mujeres chef, pero queda machismo. Algunos hombres no se habitúan a que una mujer lo dirija. En mi caso - agrega- tengo un grupo totalmente de mujeres. Y aunque yo no esté, tengo la confianza de que todo sale bien”, acota.

Durante el breve diálogo, Marisela reitera una frase en varias ocasiones. Sin duda, en ella resume su pasión por la cocina: “Hasta que me retire voy a seguir experimentando, innovando y creando nuevos platos”, dice con una sonrisa de satisfacción.