jueves, 14 de enero de 2016

Machismo a la cubana VI: Tradición y novedad en familias emergentes

Por Sara Más y Jesús Muñoz. Revista Mujeres


El machismo no es patrimonio de las familias tradicionales, también asoma y hasta goza de buena salud en configuraciones familiares de nuevo tipo o emergentes, distanciadas del modelo tradicional compuesto, en esencia por madre, padre y descendencia. Así lo hace ver el psicólogo Ariel Arcaute, investigador del grupo de estudios sobre familias del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Al estudiar diez parejas homopaternales en la capital cubana, Arcaute encontró que 70% se definía por prácticas tradicionales; 20 % eran emergentes a cambio, con rasgos tradicionales y algunos novedosos; y solo 10 % calificaba como innovadoras protectoras, que innovan y a la vez ejercen gran protección sobre niñas y niños en un contexto donde no se reconoce a las familias compuestas por dos padres homosexuales.
«Son modelos o proyectos de familias que emergen en una sociedad machista. Por tanto, son herederos, víctimas, victimarios y reproductores de los valores patriarcales que están presentes en su dinámica diaria. Es muy difícil desprenderse de lo cultural sin importar la orientación sexual. Aun siendo padres homosexuales, algunos testificaban que eran machistas», explica el investigador.

La gran contradicción es que esas personas han sido víctimas de prejuicios sociales, pero reproducen algunos de ellos y los transfieren a su descendencia. No obstante, el psicólogo encontró familias que se distancian de lo tradicional con altas dosis de creatividad. Por ejemplo, la homopaternidad con maternidad consensuada, que se refiere a dos padres y una madre biológica y afectiva que mantiene contacto y relaciones con su bebé, suele romper con los estereotipos. «Estas familias tienen como característica que, al no reproducirse en sus relaciones sexuales, siempre van a tener hijos e hijas deseados. Madurarán la idea y al final siempre tendrán descendencia cuando la deseen y ello posibilita tener una mejor planificación familiar. Además proveen de ciertos recursos personológicos a niños y niñas para que puedan moverse en contextos donde ellos no estén presentes y enfrentar cierta hostilidad social».



Arcaute subraya que asumir un proyecto de familia no tradicional en Cuba, específicamente en los casos de la homopaternidad y la lesbomaternidad, es un acto de valentía ante la ausencia de reconocimiento legal y social.

«Lo que ocurre con estas familias no tradicionales es que son invisibilizadas, sobre todo las compuestas por dos hombres o dos mujeres homosexuales. La sociedad suele transgredir sus derechos y no posibilita que sus paternidades y maternidades sean vistas como válidas y dispuestas a trasmitir valores, afectos y educación como cualquier otro tipo de familia».

Aunque hay campañas educativas que favorecen su visibilización, son familias silenciadas desde lo jurídico, apunta Arcaute. «Debiera haber un punto medio donde la educación se encuentre con lo jurídico y se alcance el balance perfecto para que estas familias tengan pleno reconocimiento social y legal», concluye.

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