jueves, 21 de enero de 2016

Machismo a la cubana VII (Final): «Hay muchos Bobbys por ahí…»


Juan Carlos Roque Moreno, actor cubano.


Por: Jesús Muñoz Machín y Sara Más Farías Revista Mujeres

Cuando el actor Juan Carlos Roque Moreno (1965) comenzó a construir la caracterización de su personaje en la telenovela La otra esquina, se dio cuenta de que él era un hombre machista.

Interpretar a Bobby, un profesional eficiente de mediana edad, pero alcohólico y violento, lo hizo reconocer rasgos negativos de su personalidad, confiesa.

Luego de 14 años de carrera en televisión, cine y teatro, Roque Moreno –identificado artísticamente con sus apellidos– revela que la representación de un hombre «tan machista» fue difícil, sobre todo porque «hay muchos por ahí…

«Lo relacionado con el alcoholismo –agrega– también fue complejo, porque no tengo nada que ver con la bebida y debía ser muy verosímil».

Pero más allá del reto actoral que supuso el personaje y de los aciertos y errores de la obra televisiva, la telenovela logró que las personas reflexionaran sobre las actitudes violentas que adoptamos en la vida y nos suelen parecer normales, resalta.

«Eres violento cuando lo decides todo en la familia y crees que solo por ser hombre puedes y debes imponer criterios», explica.

Y además sugiere que las agresiones no son solo contra las mujeres, porque «un hombre así provoca daño a quienes están a su alrededor, pero también se perjudica a sí mismo. Las consecuencias van en muchos sentidos, afectan a toda la familia», subraya.

DE MACHISMO Y CAMBIOS PERSONALES

Para Roque Moreno, la interpretación de Bobby supuso una oportunidad inestimable, mediante la cual recibió algunas lecciones de vida para dejar a un lado conductas machistas.

«Cuando mi hija mayor era niña –comenta–, le levantaba el dedo y contaba hasta tres para que me hiciera caso y eso se lo incorporé al personaje. Confieso que me parecía un método educativo y lo hacía para que llegara rápido a donde yo estaba. También mi segundo hijo lo vivió.

«Hoy reconozco que es una forma de violencia, de intimidación. Lo correcto es sentarse, conversar, compartir. Eso lo dejé de hacer, y mi tercer hijo ya no ha sufrido ese tipo de presiones», afirma.

Mencionar el apellido de forma atemorizante era otra práctica que utilizaba para dirigirse a su descendencia. «Lo de hablar en tono fuerte también se lo añadí a Bobby, y al mismo tiempo se lo quité a la persona», asegura.

«Fueron muchos aprendizajes, porque entendí que reflejamos aristas del machismo en casi todos los momentos de la vida. Hay que estar atentos a lo que decimos y hacemos, incluso al pretender ser caballero con la mujer, porque algunas manifestaciones de caballerosidad tienden a ser sobreprotectoras e impositivas», refiere.

Y para vivir en el futuro una vida con menos presencia del machismo, Roque Moreno está convencido de la importancia que tiene educar para la igualdad a niños y niñas.

«A Marcelo, mi niño de siete años, trato de enseñarlo sin adoctrinamiento, sin presiones, sin imposiciones, sencillamente con diálogo.

«Es bueno que él perciba desde pequeño que en casa las tareas son compartidas. También insisto en que respete los espacios y los criterios de la madre. Hay que ser menos impositivo para garantizar que sienta necesidad de compartir sus ideas e inquietudes», acota. 

DE VUELTA A BOBBY

Ni siquiera al final de la conversación pudimos dejar a un lado a Bobby, porque esa interpretación le ha permitido al actor escuchar disímiles historias de las personas en las calles.

«Es bueno que la gente se reconozca y no solo para que se vean los tipos como Bobby, sino porque las mujeres, hijas, madres y hermanas de esos hombres también se den cuenta de que deben hacer algo», enfatiza Roque Moreno.

Incluso, las reacciones del público ilustran la sensibilidad del tema. «Me encuentro con mujeres que se bajan de la acera, otras a las que le abro la puerta en una tienda y ponen mala cara. Y todo porque hice ese personaje tan desagradable», relata.

Por otro lado, hay personas que le agradecen. «Me dicen que tienen hermanos o padres como Bobby que no querían ver la novela y hablaban mal de ella, pero terminaron sentándose frente al televisor.

«La mayoría –añade– realmente me ha dicho: ‘¡qué bueno, porque pude hablar del tema abiertamente!’ Eso refleja cuán importante es tratar estos temas sensibles, aunque no sea con una historia agradable», revela.

Roque Moreno considera que La otra esquina «logró mostrar una realidad, poner la mirada en un tema conflictivo y señalar problemas que existen y deben ser atendidos.

«No es lo mismo vivir situaciones de machismo y violencia dentro de un ciclo cerrado, a que de pronto donde más seguro te sientes, en la propia casa y frente al televisor, te muestren a alguien machista como tú (…)», reflexiona.

Y aunque reconoce que no hay fórmulas ni manuales para ser menos macho, Roque Moreno expone que un primer paso es lograr que «cualquier criterio nazca libre de comparaciones sobre lo que son capaces de hacer hombres y mujeres».


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