lunes, 14 de abril de 2014

Yarisley Silva: Tocar el cielo

Una de las mejores atletas cubanas del momento conversa acerca de los sucesos más trascendentales de su carrera deportiva.

Por Jesús E. Muñoz Machín

Fotos: Jorge Camarero Leiva


El pasado año marcó la consagración definitiva de Yarisley Silva como una de las mejores pertiguistas del mundo. La estelar atleta cubana, nacida el primero de junio de 1987, en Pinar del Río, parece estar destinada a tocar el cielo con sus saltos.

Campeona de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 (México) y subtitular olímpica en Londres 2012 (Reino Unido), la carismática garrochista tuvo también un 2013 de ensueño, en el que obtuvo casi una veintena de medallas, incluidas el bronce en el Mundial de Atletismo de Moscú, Rusia, el segundo puesto en la Liga del Diamante, así como su marca personal de cuatro metros y 90 centímetros –tercera mujer en la historia que consigue dicha cota.

Los resultados competitivos de Yarisley avalan cualquier elogio, máxime cuando se trata de una modalidad poco practicada en el país y sin antecedentes exitosos. Sobre su carrera deportiva, metas y sueños futuros, la vueltabajera conversó con Mujeres.

Desenfadada, quizás acostumbrada a las entrevistas, Yarisley relata que sus inicios en el atletismo fueron en la Escuela Primaria Manuel Ascunce Domenech, en el kilómetro dos de la carretera hacia Viñales, en la más occidental de las provincias cubanas. Rememora sus incursiones en carreras de velocidad, donde llegó a obtener medalla de bronce como integrante de una cuarteta de relevo corto.

A los 11 años sobrevino la captación para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Ormani Arenado Llonch. “Comencé en pruebas de eventos múltiples, pero consideraron que era muy pequeña para desempeñarme en tantas modalidades y sugirieron que cambiara a salto con pértiga”, refiere.

Así llegó a la garrocha, deporte del que jamás había escuchado. “Fue difícil –explica-, porque no sabía ni cómo agarrar la pértiga, pero aprendí rápido y desde que comencé a competir obtuve buenos resultados. En mis primeros Juegos Escolares, en la categoría 13 -14 años, salté 2,60 metros y fui segunda. Pero al año siguiente gané oro con 2,90 y el profesor Alexander Nava me captó para el equipo nacional”.

Silva llegó a la preselección cubana con apenas 15 años. Sin hacer mucho ruido logró mejorar sus marcas hasta llegar a cuatro metros, altura que logró en 2004 bajo la tutela del entrenador Ángel García.

Como para tomarle el pulso a los podios, Yarisley obtuvo una presea de plata un su debut internacional, durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena de Indias 2006, en Colombia, donde escoltó a su coequipera Maryoris Sánchez.

“Fue mi primera competencia fuera del país, y estaba muy nerviosa. Fuimos sin entrenador, pero Maryoris (Sánchez), Lázaro (Borges) y yo nos apoyamos siempre para que salieran los resultados”, comenta emocionada.

Un año después, en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, Brasil, la veinteañera Silva demostró sus progresos con un meritorio tercer lugar y registro de 4,30. “Veía lejanas las medallas, pero siempre soñaba con la posibilidad de subirme al podio. Te digo más, durante la competencia creí realmente que podía aspirar al oro”, resalta.

En tierras cariocas se impuso la local Fabiana Mürer, quien ganó son 4,50, registro al que Yarisley aún no había accedido. Pero el tercer lugar bastó a la pinareña para inscribir su nombre en la historia del deporte cubano como la primera pertiguista en obtener una presea en justas continentales.

En 2008, Yarisley logró sobrepasar los 4,50, pero su ascenso hacia la élite se detuvo y durante buena parte de la temporada no pudo igualar sus mejores marcas. Así llegó a los Juegos Olímpicos de Beijing, donde fue eliminada con pobre performance de 4,15 metros.

A suelo asiático llegó con problemas psicológicos y técnicos, sobre todo asociados al despegue. No obstante, Yarisley cataloga esa experiencia bajo los cinco aros como un gran aprendizaje.

Por ello alega que, “a pesar del mal resultado, allí pude toparme con la Mürer, (Yelena) Isinbáyeva, (Jennifer) Suhr y otras de las mejores del mundo. Pude, además, darme cuenta de que sí podía seguir adelante, insertarme en la élite y pensar en discutir medallas ante las consagradas”.

Perseverancia y voluntad definen a Yarisley.
Tampoco le fue bien en las temporadas 2009 y 2010, pero lejos de amilanarse, reconoce que esos tropiezos, unas veces fruto de los pobres resultados, otras por falta de apoyo de las personas que dirigían el atletismo cubano, la ayudaron a ser más consciente del esfuerzo y la dedicación necesarios para triunfar.

El 2011 significó la eclosión definitiva en su carrera. En el Mundial de Atletismo de Daegu, en Corea del Sur, la vimos elevarse hasta 4,70 y ubicarse en la quinta posición. Luego, como colofón de una excelente temporada, Guadalajara le deparó una inolvidable medalla de oro en la lid panamericana. Sus 4,75 le valieron para desbancar del trono a la reciente titular del orbe Fabiana Mürer.

“Realmente pensábamos en la medalla de plata porque estaba la campeona del mundo, pero todo salió de maravillas. Fue una de las competencias más lindas y tensas de mi carrera. El público aplaudía y gritaba por las dos en cada salto. El ambiente era espectacular”, rememora.

La emoción contenida de Yarisley termina por expresarse en lágrimas cuando narra su incursión plateada en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
“Fue un sueño convertido en realidad. Después de un primer fallo inesperado en 4,45 me concentré, no me rendí…” Toma un respiro, y luego agrega: “En ese momento ni siquiera crees que esté sucediendo, y después piensas también en toda la gente que te está mirando, en la familia, las amistades…”

También evoca los años de esfuerzo al valorar su actuación de 2013. “Nada es fruto de la casualidad –asegura-. Ahora soy una deportista madura, pero se debe al trabajo constante y el sacrificio”.

Asimismo, no podían faltar en la entrevista palabras de agradecimiento para su entrenador Alexander Nava, quien por más de una década la ha acompañado en su crecimiento como atleta.


“Es como mi familia, mi padre. Nava es un hombre inteligente, metódico y, sobre todo, buena persona. Además del deporte, me ayuda con la escuela y con sus consejos”, expresa.

Yarisley junto a su entrenbador Alexander Nava.
Sobre las proyecciones para este año, confiesa que sus principales motivaciones giran en torno a ganar la Liga del Diamante y los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, en México.

Pero antes de la despedida, la única cubana en subirse al podio de los eventos más encumbrados en la modalidad de salto con pértiga revela uno de sus mayores anhelos: “Quiero llegar a los cinco metros”. Seguramente, ese será motivo de una próxima entrevista.

Nota: La entrevista fue realizada días antes de que Yarisley alcanzara la medalla de oro en el Campeonato Mundial Bajo Techo en Sopot, Polonia.