sábado, 2 de mayo de 2015

Valia Suárez Pérez: “En las profundidades siento que respiro”



Medallas centroamericanas, panamericanas y en certámenes Iberoamericanos, además de varios récords continentales, convirtieron a esta habanera en referente de la apnea subacuática en Cuba.



(…) Las olas serenas/Salpican apenas/Su dique de arenas,/Con blando rumor (…)”. Así inspiró el mar a Gertrudis Gómez de Avellaneda en el siglo XIX. Cien años después, en las mismas aguas tropicales que enamoraron a la poeta, la inmersionista Valia Suárez Pérez desafió las profundidades en lo que fue una relación casi idílica con el océano.


“Me encanta la paz que se siente. Allá abajo somos el mar y yo”, confiesa la exatleta de 40 años, nacida en Isla de la Juventud, pero habanera por adopción.

Eres una mujer “anfibia”, le comento en broma, y ella asiente con la cabeza para certificar su predilección por el agua (sean zonas costas o piscinas). “Solo así es posible practicar la apnea subacuática”, asegura quien por tres años fue una de las mejores exponentes cubanas de la peculiar modalidad deportiva.

Medallas centroamericanas, panamericanas y en certámenes Iberoamericanos la convirtieron en referente de esta disciplina en la Isla en la primera década de este siglo, como digna sucesora de la recordista mundial Débora Andollo.

En el sitio donde inició su carrera, la piscina Olímpica del Municipio Cotorro, Valia conversó con la Revista Mujeres.


La inmersión llegó a Cuba hace solo dos décadas. Antes, ¿qué disciplina practicaste?

“Comencé en la natación a los cinco años. A esa edad me diagnosticaron asma y le recomendaron a mi abuela que me llevara a un área especial. Ella me traía a nadar aquí mismo de lunes a viernes.

“A los siete años fui recordista provincial en la especialidad de espalda, a los nueve impuse marca nacional en los Juegos Escolares y gané oro también como parte de los relevos. Fue una etapa linda en la que también competí fuera de Cuba”.

¿Tan joven representaste a Cuba en lides internacionales?

“A los 12 me seleccionaron para ir a los Juegos de la Amistad para jóvenes, en Hungría. Imagínate, un lugar tan lejano y yo era una niñita. Una experiencia como esa no se olvida: viajar en avión sin nadie de la familia y conocer tantas muchachas de otros países. Lo graciosos fue que nos comunicábamos por señas, porque no hablábamos el mismo idioma. Y lo único malo era nadar con el frío bajo cero (sonríe)”.

Cuando llegaste a la preselección nacional eras una adolescente. ¿Qué competencias recuerdas con más agrado?
“Los triunfos más importantes fueron en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Natación (CCCAN) y el Torneo del Caribe, ambos en 1989 (verificar). En Cuba igualmente gané muchos eventos. Realmente era lo que gustaba, nadar y ganar”.

¿Pero en 1991 cambió el curso de tu carrera deportiva?

“Sí, tenía 16 años cuando se integró el equipo cubano para participar en los Juegos Panamericanos de La Habana y no me tuvieron en cuenta. Eso me afectó mucho, porque consideré que me lo había ganado como otras de mis compañeras”.

Ese fue el comienzo de otra historia exitosa...

“El deporte es lo mío, por eso comencé a entrenar en la academia de remo y canotaje provincial. Fue un periodo de mucho sacrificio, pues solo había implementos de madera y botes en muy mal estado.

“Pero a los dos años de estar allí ganamos el campeonato nacional en el K-4 (canoa cuatro plazas) y entonces el entrenador del equipo nacional me llamó a la preselección mayor.

“En total estuve nueve años en el remo y no me fue mal. Obtuve victorias que se recuerdan como el título en K-4 a dos kilómetros en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1998, en Maracaibo, Venezuela. Y antes me había convertido en una de las primeras mujeres cubanas en asistir a un Mundial de la especialidad al competir en la justa de Francia 1997, donde fuimos oncenas”.

PULMONES DE ORO

Pero otra vez su constancia y talento fueron puestos a prueba cuando una lesión en la columna la alejó de los canales de remo. Tras abandonar las paletadas, Valia se acercó a la inmersión, deporte que le entregó, según dice, los momentos más lindos de su carrera como atleta.

“En el año 2003 había nacido mi hijo Ariel y esa era una motivación más para reiniciar la vida deportiva. Estaba decidida a probarme en la Apnea Subacuática”, relata.

¿Cómo fueron esos inicios?

“Con mucha incertidumbre, pero también deseos de triunfar. La primera competencia oficial fue en 2005, durante los Juegos del Alba. Estuve bajo la tutela de la ‛profe’ Débora Andollo, recordista mundial y quien siempre me apoyó. Aquel evento fue en el Complejo de Piscinas Baraguá (al este de La Habana) y gané en la apnea libre y la dinámica . Esa primera temporada también fui campeona Iberoamericana en Ecuador e impuse récord en la modalidad libre con 106 metros de distancia recorrida”.

Y era solo el comienzo. La progresión continuó y en 2006 implantó cota panamericana en el Festival de Actividades Subacuáticas de Martinica y otras marcas internacionales en la justa continental, efectuada ese propio año. Luego, en 2007 quebró la supremacía nacional de apnea dinámica con aletas y quedó apenas dos metros y 77 centímetros por debajo del mejor registro mundial.

El paso de Valia por la apnea fue breve. En solo tres años se convirtió en la mejor exponente iberoamericana y hubiera podido llegar al podio en citas del orbe, más no se concretó su participación al máximo nivel.

Un percance de salud le impidió ampliar su palmarés y desde hace un lustro está alejada de la competición activa.

Aunque durante varios años confesó su deseo de volver a las profundidades, reconoce que es muy difícil por la alta exigencia del deporte. “Es muy duro. La apnea lleva una fuerte preparación”.

Y antes de concluir revela que sigue igual de apasionada por el mar, aunque también competía en piscinas. “Es que el océano tiene algo mágico que no puedo explicar. Y aunque digan que estoy loca, en las profundidades siento que respiro”.