domingo, 26 de abril de 2015

¿Recetas de amor coreano?




Les propongo este trabajo de la joven periodista Lissy Villar, de la Editorial de la Mujer...

Lissy Villar

¿Brindan las series televisivas extranjeras una oportuna lección de optimismo y madurez a los adolescentes y jóvenes? ¿Siguen las muchachas y muchachos patrones de conducta adquiridos en el consumo televisivo? 


Estas son algunas de las interrogantes que se imponen cuando hablamos de series, no solo transmitidas por la televisión, sino también aquellas que son adquiridas por otras vías. Podríamos conversar sobre in- numerables tipos, pero… ¡qué popularidad han logrado las coreanas dentro de la pantalla cubana!; sin embargo, este entretenimiento debe servir para algo más que desconectar….

¿Qué es lo positivo y lo negativo que ellas ofrecen?


Representa una noción falsa que el despeje, la diversión y la dis- tracción están asociados con pensamientos banales y que el fenómeno de las novelas es solo para chicas que sueñan con un mundo rosa.

A pesar de ser un producto pro- veniente de un país geográfica, económica y culturalmente dife- rente del nuestro, se han quedado en la preferencia de la sociedad cubana. ¿Tendrá que ver esto con la representación del “llamado amor ideal”?. El “amor” es uno de los personajes principales, una construcción “platónica” para muchos, “real” para otros. Aunque es hermoso construirse un ideal amoroso amparado en los personajes protagónicos recreados por estas series, a veces la vida es mucho más rica y compleja y nos muestra matices que trascienden las representadas por acto- res de televisión y cine, e incluso un cantante favorito.

No es menos cierto que, en ocasiones, se intenta disfrutar de las novelas por la escenografía (la representación de casas, carros, tiendas y espacios públicos), sin tener en cuenta valores que son imprescindibles: el respeto a los mayores, la cortesía, la educación, el amor a la familia y la fuerza para vencer obstáculos.

¿Patrones convencionales?

Cada sociedad crea patrones que contribuyen a perpetuar los valores que son impuestos en torno a lo que es ser mujer u hombre. ¿Pero debemos seguir reproduciéndolos?

El «mito de héroe» (personajes masculinos) dentro de las sociedades occidentales y orientales, también está asociado a la noción de lo que se considera el éxito económico. Lo vemos desde el estudio en colegios diferentes, el acceso a la comida, los paseos y la relación misma entre personajes.

Por otra parte, la imagen o figura femenina vende roles, atributos y proyecciones de esa sociedad, que no abandona la construcción histórica que se ha hecho de la mujer desde la Antigüedad (se conjugan modelos occidentales y orientales, y a ello no es- capan todas las culturas).

Es visible que estas series intentan determinar cómo constituirse mujer u hombre. El muchacho protagónico es rico, atractivo, de «buena familia», valiente, todo poderoso, sin defecto alguno; las muchachas no tan agraciadas, pobres, enamoradas… Las proyecciones y roles habituales excluyen las disímiles características de las que se constituyen los seres humanos. La representación de un amor ideal y perfecto limita en ocasiones el disfrute de esas pequeñas cosas que pueden hacernos felices, las cuales son en realidad lo más importante. El amor no es quemar etapas, no permite patrones, y trasciende los estereotipos.

Ellos y ellas opinan: 








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