martes, 7 de abril de 2015

Cooperativismo y sus retos para la igualdad de género



La calidad de los productos distingue a la cooperativa en formación Bambú Centro.

Publicado en la Revista Mujeres...

Por Jesús E. Muñoz Machín
De las diferencias y la diversidad de experiencias pueden surgir aprendizajes vitales, tal y como ocurrió en el “Encuentro de mujeres productoras urbanas y rurales”, en el que 30 cooperativistas de seis provincias del país intercambiaron sus vivencias recientemente en La Habana.

“A veces pensamos que determinados problemas, dificultades o aciertos solo ocurren a nuestro alrededor, pero ver otras realidades permite constatar que existen experiencias comunes”, afirmó en la apertura Maura Febles, investigadora del Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía de la Universidad de La Habana.

Más de una veintena de mujeres de mujeres del proyecto “Agricultura suburbana y fortalecimiento cooperativo en 10 municipios de las provincias de Camagüey, Las Tunas y Holguín”, junto a otras de Sancti Spíritus, Santiago de Cuba y Artemisa compartieron opiniones con productoras habaneras del ámbito de la artesanía, las confecciones textiles, el transporte de pasajeros y una representación de los Talleres de Transformación Integral del Barrio.

Cooperativas: entre aciertos y desafíos

El diálogo comenzó en dos cooperativas no agropecuarias del capitalino municipio de Centro Habana, donde sus protagonistas -la mayoría mujeres- relataron sus experiencias y contrastaron realidades.

“Cuando era directora todo funcionaba con la lógica de ordena y mande, pero hoy las decisiones y responsabilidades son compartidas. Anteriormente todo dependía de si llegaban o no los recursos de la empresa y ahora cada detalle lo gestionamos aquí. No solo se trata de producir más, sino de hacerlo con calidad”, aseguró Nancy Varela, presidenta de Confecciones Model, entidad dedicada a la manufactura y venta en pesos cubanos de prendas de vestir, principalmente de la tradicional guayabera.


Para Cecilio Cuevas, administrador y económico, el aumento en el pago es uno de los cambios más evidentes. “Desde que funcionamos como cooperativa los ingresos han aumentado para todos(as). Quien antes ganaba poco más de 300 pesos ahora recibe cerca de mil; la cifra se ha triplicado”, afirmó.

Pero no todo es halagüeño, pues si bien el paso de empresa estatal a cooperativa debiera dinamizar los procesos de toma de decisiones y hacerlos más participativos, no siempre ocurre así. “Más allá del salario –anticipo de utilidades-, se necesita que las personas tengan sentido de pertenencia y motivación para implicarse en las decisiones importantes”, sostuvo Varela.

Para ello son vitales las capacitaciones y la preparación del personal, uno de los principales retos que enfrentan, según manifestó Cuevas. “Algunas personas no entienden lo que realmente significa ser una cooperativa”, acotó.

Otro desafío está en garantizar la formación de las nuevas generaciones, aspecto imprescindible para la sostenibilidad del emprendimiento. En la actualidad, la mayor parte de las 40 personas asociadas pertenece a la llamada tercera edad. “Los jóvenes no se acercan al mundo del corte y la costura”, expresó Nancy.
 



En Model se aprecia el entusiasmo, pero ello no será suficiente para solucionar dificultades en la obtención de materia prima ante la ausencia de un mercado mayorista. “Incluso hemos tenido percances con algunas empresas estatales que se niegan a negociar con la cooperativa, aun cuando lo estipula el Decreto-Ley No.305”, explicó Cuevas.

Otro de los lugares propicios para el intercambio fue “Bambú Centro”, proyecto de artesanos, artistas y profesionales, adjunto al Fondo de Bienes Culturales y donde se constató el espíritu comunitario que lo caracteriza desde su surgimiento hace un lustro. Hace casi un año esa popular iniciativa se encuentra clasificada como cooperativa en formación.

El colectivo integrado por cinco mujeres e igual cantidad de hombres se dedica a la creación artesanal con bambú, planta que se obtiene en más de una treintena de municipios cubanos.

Bambú Centro abre sus puertas a las nuevas generaciones, con la inserción de muchachos egresados de escuelas de oficio y otros que han tenido problemas de conducta en la comunidad.

“A esos jóvenes los recibimos, les enseñamos y luego los vinculamos a la producción”, señaló Gisela Vilaboy, fundadora de la iniciativa junto a su esposo Carlos Martínez.

De igual modo, niños y niñas centrohabaneros han hecho suyo el espacio, y allí se le imparten talleres y círculos de interés. “Cada día crecemos como seres humanos. No hay placer más grande que ver la sonrisa de la gente, recibir el abrazo de un niño o que te llamen ῾profe᾽ sin serlo”, confesó Gisela.

Contrario a otras experiencias urbanas, allí se le brinda especial atención a la capacitación en temas de género, aunque todavía sin el éxito esperado. “No hemos logrado sumar a las muchachas, pero es uno de los propósitos inmediatos. ¿Por qué ellas no pueden trabajar el bambú? Hay que quitarse de la cabeza eso de que unos trabajos son para mujeres y otros para hombres.”, enfatizó la artista plástica.

Asimismo, resaltó que los cursos, talleres y eventos sobre cooperativismo, género, economía feminista, familiar y solidaria, entre otros tópicos que les “han permitido conocer a muchas personas, intercambiar experiencias y establecer vínculos de trabajo. Sin esos espacios y saberes de los que nos nutrimos no hubiese sido igual”, apuntó.

Vivencias transformadoras

Para la camagüeyana Idelvis Diepa Feria, cada encuentro es una oportunidad única de superarse y crecer en conocimientos y experiencias. “Hace unos años no conocía lo que era género y poco a poco me di cuenta de lo importante que ha sido entenderlo para cambiar aspectos de mi vida. Hoy sé cuáles son los problemas comunes que tenemos las mujeres, me solidarizo y uno con mis compañeras para enfrentarlos”, dijo una de las beneficiarias del proyecto de “Agricultura suburbana y fortalecimiento cooperativo en 10 municipios de las provincias de Camagüey, Las Tunas y Holguín”.

La iniciativa es implementada por la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP) y el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical “Alejandro de Humboldt” (INIFAT), con el apoyo de Oxfam en Cuba. Asimismo, cuentan con el financiamiento de la Unión Europea, la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo y la Embajada de Japón en Cuba.

Por su parte, Yamaris Ávila Zaldívar, de Las Tunas, descubrió cuánto puede hacer para transformar su vida y la de sus personas allegadas. “Entre una y otra capacitación gané en fuerza para salir adelante. He aprendido a valorarme más como mujer, a planificarme las metas que quiero alcanzar y a conocer de lo que soy capaz”, reveló.

Y es que para ninguna de esas mujeres ha sido fácil el camino para que sus iniciativas económicas alcancen el éxito en actividades tan diversas como la producción artesanal, poncheras, florerías, lavanderías, corte y costura, quesería, peluquería, además de la obtención y comercialización de microorganismos eficientes, todas pensadas y gestionadas por ellas. “Hemos tenido que sobreponernos a las personas que no creían en nosotras, sobre todos los hombres, algunos dirigentes de la ANAP y funcionarios de proyectos.

“En mi comunidad nunca se había visto que las mujeres emprendieran tantos proyectos y el machismo arraigado siempre quiere frenar nuestras metas. Empezamos solas, porque nadie nos quería seguir, pero no esperamos por nadie para pintar, poner bloques y embellecer los locales”, relató Idelvis.

De manera jocosa, agregó que todavía queda quien dice: “Están locas, con ellas no se puede, pero esas personas no son la mayoría”.

Y también las organizaciones que propiciaron la celebración del “Encuentro de mujeres productoras urbanas y rurales” reconocieron los aportes del mismo. “La idea del intercambio surgió desde Galfisa, que con su experiencia y la nuestra en el acompañamiento a las cooperativas, nos planteamos propiciar el diálogo entre mujeres productoras de varias provincias del país”, declaró Yohanka Valdés Jiménez, oficial de género de Oxfam en Cuba.

“Fue un buen momento para conectar las experiencias de mujeres productoras que en cualquier escenario tienen problemáticas, retos, oportunidades. Quisimos reunir a personas de dos espacios que al parecer tienen características muy propias y diferentes, pero en los que ellas tienen luchas comunes. A veces se repiten toda una serie de mitos, como que es el machismo es más fuerte en los campos que en la ciudad, cuando en realidad todas viven contextos reproductores del patriarcado, reflexionó Valdés.

“Otra cuestión –amplió la psicóloga- era poner a compartir criterios a mujeres que han vivido un proceso de sensibilización y concientización de género, pero que ahora comienzan a enfrentar los retos que suponen pensar en el aspecto económico y lo que implica llevar adelante iniciativas sustentables y eficientes.

“Las mujeres de La Habana, por su parte, han realizado aprendizajes diferentes. La mayoría conoce más sobre los temas financieros, y ahora tienen la oportunidad de percibir la importancia de trabajar el empoderamiento de la mujer dentro de las cooperativas recién creadas o en periodo de formación. Lo fundamental es que tanto las productoras urbanas como las rurales reconozcan la necesidad de tener conciencia de género, pero sin olvidar que se debe tener conciencia económica, y viceversa”, sostuvo Valdés.

Para Jérome Fauré, director de Oxfam en Cuba, “cuando en los encuentros vivenciales se trabaja desde la metodología de la educación popular los aprendizajes son más fuertes, porque los criterios salen del pensamiento, pero también de las emociones. Aquí las enseñanzas van más allá de una capacitación, porque te relacionas con personas cuya experiencia tiene similitudes con tu propia vida y eso tiene un valor adicional.

“Solamente veo ventajas en estos espacios, donde las organizaciones que apoyamos los procesos podemos nutrirnos para afinar nuestras metodologías de trabajo”, concluyó Fauré.

El “Encuentro de mujeres productoras urbanas y rurales” fue coordinado por Galfisa, a quien se unió el Grupo sobre Medio Ambiente y Sociedad (Gemas). Contó con el apoyo de Oxfam en Cuba y cofinanciamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).