viernes, 17 de abril de 2015

Resiliencia y seguridad alimentaria: Aprendizajes en clave de género


Por Jesús E. Muñoz Machín
 

Desde hace años las investigaciones –y son muchas las evidencias cotidianas- reflejan que el clima es cada vez más variable, la inseguridad alimentaria aumenta y ello impone un reto a las naciones de todo el mundo. En ese contexto urge tener una mirada que particularice en las necesidades de grupos poblacionales en desventaja social, enfoque ausente en programas nacionales e internacionales. Estas fueron algunas de las reflexiones que investigadoras y cooperativistas expusieron este jueves 16 de abril en la jornada de clausura del II Congreso de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, que sesionó durante tres días en el Palacio de las Convenciones, en La Habana.



El panel especial Resiliencia y seguridad alimentaria: aprendizajes desde las perspectivas y experiencias de las mujeres fue convocado por Oxfam en Cuba y contó con la presencia de invitadas de Canadá, México, Nicaragua y Cuba.

Los temas de resiliencia, abordados desde una mirada de género, apenas se han explorado en Cuba, por lo que cada intercambio permite visibilizar dichos tópicos y aprender de las experiencias existentes en el continente, introdujo la moderadora Yohanka Valdés Jiménez, oficial de Justicia de género y derecho de mujeres de Oxfam en Cuba.

Al respecto resultó interesante la contextualización realizada por la mexicana Beatriz Olivera, coordinadora de la Campaña Crece de Oxfam: “En Latinoamérica las mujeres son más del 50 % de las personas que se dedican a producir alimentos, sin embrago solo reciben el 7 % de la inversión agrícola y el 5 % de la asistencia técnica.

“En muchas naciones –agregó- solo pueden optar por créditos y préstamos bancarios, así como solicitar tenencia de tierras si van acompañadas por los esposos”.

En su ponencia América Latina. Una agenda frente al cambio climático, Olivera insistió en que “uno de los objetivos principales de Crece es presentar los informes elaborados en espacios de incidencia a nivel global, como se hizo en la Conferencia sobre el cambio climático (COP20), que se celebró en Lima (Perú), en diciembre del pasado año”.

Sobre la necesidad de enfatizar en las necesidades y experiencias de las mujeres, Lauren Ravon, asesora política para derechos de las mujeres y desigualdad en Oxfam-Canadá, exhortó a que “la comunidad internacional debe reconocer a las organizaciones de mujeres como socias valiosas que pueden aportar una perspectiva única respecto a las políticas y las prácticas de la resiliencia y seguridad alimentaria”.

Según Ravon “en este campo hay pocas investigaciones que incorporan la mirada de las mujeres, las visiones y análisis feministas”. De igual modo aseguró que centrar la mirada en las mujeres permite elaborar una propuesta más amplia, porque cuando las mujeres refieren las amenazas a la seguridad alimentaria, además de los aspectos tradicionales –sequía, desastres naturales, falta de recursos- incluyen otras variables como violencia de género, responsabilidad desmedida en los cuidados, discriminación, estereotipo sexistas, acceso a la tierra, falta de poder, entre otros cuestiones.

“Se necesita trabajar la resiliencia no solo para sobrevivir al shock, sino prepararse para tener un mejor futuro. Y en el caso de las mujeres la intención no debe ser recuperar el status quo, pues se necesita ir más allá y propiciar un mejor sistema de vida”, afirmó la invitada canadiense.

Asimismo, Ravon resaltó que muchas veces las campesinas se sienten excluidas y solo son consultadas o tomadas en cuenta desde el rol de víctimas.

En el cierre de su presentación insistió en que las mujeres necesitan apoyo técnico, pero también que se trabaje en la transformación social. De igual modo alertó sobre la posibilidad latente de que “algunas organizaciones no gubernamentales pueden, de manera inconsciente, reforzar estereotipos de género y acentuar discriminaciones”.

Desde Centroamérica también llegaron interesantes aprendizajes. Jannette Urquilla, representante de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), refirió su labor en la promoción de la igualdad, la equidad de género, además del empoderamiento económico, social y político de las mujeres.

La activista feminista reseñó el trabajo en dos campañas fundamentales, una sobre violencia de género y otra orientada hacia los derechos laborales de obreras campesinas y profesionales de diferentes municipios del país.

Urquilla mostró imágenes y testimonios sobre casos de discriminación y violencia intrafamiliar, así como algunas de las iniciativas realizadas para enfrentar ambos fenómenos, a través de ORMUSA, instancia de la sociedad civil que surgió oficialmente en 1985.

También como parte del debate las invitadas y el público reflexionaron sobre las insatisfacciones que genera la celebración de eventos de “autoconsumo”, o sea, en los que suelen socializar personas con preocupaciones afines.

Al respecto Beatriz Olivera apuntó que por ello la aspiración debe ser alcanzar altos índices de incidencia en espacios visibles y de toma de decisiones.

Lauren Ravon, por su parte, elogió las capacidades de la organizaciones de mujeres en su funcionamiento interno, pero aseveró que esas fortalezas pocas veces se reflejan en poder real para impactar en las leyes”.