martes, 17 de noviembre de 2015

MUJERES DE ALTO RENDIMIENTO


Imagen del artículo publicado en Alma Máter. Diseño de Carralero.

Por Dainerys Mesa Padrón

El tiempo pasa y no solo envejecemos. Evolucionamos. Crecemos. Hacemos por cambiar, a fuerza de sacrificios.

Cuando para Julita Osendi ―hace más de treinta años― insertarse en el periodismo deportivo fue una estocada casi al corazón, para las jóvenes de hoy es solo cuestión de elegirlo, y empezar.

Qué bueno que haya pasado el tiempo. Hayamos evolucionado, crecido y admitido los cambios, incluso a base de martirios.

Daily Sánchez Lemus y Yisel Filiú Téllez, ambas de Tele Rebelde, son de las noveles profesionales que agradecen estos precedentes.

«En el periodismo deportivo ―explica Daily― ya somos menos una "casualidad", algo raro..., tanto en televisión como en la radio, la prensa escrita y digital. En todas las provincias del país hay periodistas y estudiantes interesadas en estas temáticas. Para las familias tampoco resulta más un tabú, sino algo admirable por el hecho de seguir un camino que rompió barreras con el trabajo y la perseverancia de Julita».

Yisel, por su parte, resalta que los pasos de Osendi limpiaron las injusticias y los olvidos para las nuevas generaciones de féminas. «Ella constituye un icono de gran autoridad ―concluye Filiú― y el universo deportivo así lo reconoce, por tanto el público te piensa o idealiza como su relevo. Claro, lo principal es el esfuerzo propio, la calidad del trabajo y el prestigio».

Este empeño que requiere ser una mujer de los medios de comunicación dedicada al deporte, juega con múltiples variables. Hasta ahora, el entorno televisivo se revela como el más hostil y de mayor resistencia, teniendo en cuenta los juicios de los destinatarios. No obstante, ejemplos como el de Glenda Torres, de Canal Habana, pinta con otros matices.

«Puedo decir con satisfacción ―confiesa― que desde mis inicios en el Canal me he realizado sin mayores dificultades. He recibido el apoyo de todas y todos. A pesar de eso, al principio hubo quienes me incitaron a trabajar otros tópicos como la cultura...»

No nos asombran tales revelaciones. Los patrones erróneos siguen encasillando al arte como lo bello para las mujeres, mientras el deporte, lo rudo, les corresponde a los hombres. Por suerte la mayoría de los decisores no comparte estas posturas sexistas.

CARRERA DE OBSTÁCULOS

En el entorno audiovisual de muchos países occidentales, es usual acudir a la imagen femenina para presentar los espacios deportivos, con el fin de atraer una supuesta audiencia masculina y heterosexual. En Cuba la estrategia es otra, aunque la parada sube en todos los órganos de prensa.

Partiendo de las construcciones culturales arraigadas en nuestra sociedad, los hombres saben más de deportes. Ellos predicen, acotan y se equivocan sin mayores consecuencias. Por eso la pelea, más que contra los demonios, radica en conquistar a los colegas y a los receptores.

Como plantea Mayli Estévez Pérez, del periódico villaclareño Vanguardia, «Hay que documentarse bien en cada temática. Y se ve de todo, desde quienes deciden cómo debieras escribir las cosas según su percepción y hacen de maestros, hasta quienes se pasan de la raya».

Asimismo, Luisa Fernanda Álvarez, hasta hace poco tiempo corresponsal de TV Camagüey, subraya la obligación de «expresar opiniones acertadas e informaciones precisas, pues tenemos que convencer a los escépticos».

Si bien los prejuicios no son tantos como antes ni se acentúan igual, se mueven en varios terrenos. Pasan por la imagen, el estilo de redacción, la voz y el tono, las supuestas preferencias por equipos, atletas o regiones... y otras tantas actitudes.

«Una vez me regañó un director de béisbol ―cuenta Mayli― por entrar a un vestuario, se mostró muy alarmado al ver a una mujer allí. Yo solo hacía entrevistas, como estaban vestidos, no era problema a esa hora».

Otros modelos laceran también el desempeño oportuno de estas titulares de la comunicación y las sitúan en desventaja con respecto a los hombres.

Daily asume similares retos para ambos y que «ese tiempo de "demostrar" está pasando».

Algunas de las mujeres que ejercen el PD.
Tiene su razón en cuanto a estos juicios. El sexo no determina atender cualquier disciplina o entrevistar a una u otra figura. Pero otras verdades corroen las competencias profesionales de las periodistas quienes, como todas, nacieron con compromisos inaplazables que la colectividad no les permite abandonar.

Julita Osendi lo reafirma, sustentada en su experiencia de seis Juegos Olímpicos, siete Mundiales de Atletismo, tres Clásicos de béisbol y tres hijos: «Para nada los retos son iguales. Cualquier hombre puede recoger un maletín y marchar sin pensarlo a cubrir un evento en provincia, a una cobertura de “ahora para ahorita”, o a un curso en el extranjero. A nosotras nos han obligado a pensar y poner primero a nuestra familia, los hijos, la madre, el padre, el esposo, el cuidado del hogar».

Para Lisset Ricardo, del sitio digital JIT, tampoco ha sido muy diferente: «Siempre resulta más difícil esta carrera para nosotras. En el terreno deportivo es más incómodo porque, generalmente, tratas con jóvenes inmaduros. Sin embargo, se me hizo más dura cuando me convertí en madre, asumí responsabilidades impostergables».

BOXEO, CON LAS MANOS AMARRADAS

Las principales asperezas se limaron. Aunque, algunas astillas quedan bien enterradas y prometen reacción al cambio, dada su proyección más allá de nuestras fronteras.

Hablamos de la narración, asignatura pendiente para las periodistas y comentaristas de la radio y la televisión.

En las transmisiones de partidos, eventos y programas de carácter internacional, escasísimas veces escuchamos a una dama refiriéndo qué pasa en el terreno. En el patio a donde más se ha llegado es a acotar, entrevistar y responder a las solicitudes de los narradores de béisbol desde una posición poco visibilizada.

¿Acaso las mujeres no están preparadas biológica y profesionalmente para esta práctica? A las entrevistadas por Alma Mater no les parece.

Según Yisel Filiú este STOP reside en el arraigo a la tradición y, por supuesto, a los estereotipos. «Los más “considerados” toleran por lo menos escuchar a una mujer relatando la gimnasia, los clavados, el patinaje artístico... Pero el béisbol, el boxeo, el fútbol, ¡ni soñarlo!

«Algunos ―prosigue― hasta enfatizan en lo feo de un jonrón en nuestra voz, o un jit que haya salido estrepitosamente del swing de un pelotero, o un duro puñetazo al rostro de un púgil… Por eso cuando rompamos el hielo debe ser excelente. Digno no sería suficiente.»

Aquí volvemos al punto de las exigencias. Las metas impuestas a estas muchachas, condicionadas por los demás, resultan en ocasiones, demasiado para su capacidad y experiencias laborales.

Los asiduos a la programación del canal de los deportes, de seguro han escuchado las mejores descripciones en las voces masculinas. También las peores. Error en las jugadas, en la puntuación, en los nombres de los atletas, en los datos históricos... Claro, cualquiera tiene un mal día y algunos están iniciándose en estas tareas.

¡¿Por qué entonces deberían ellas empezar por arriba?!

Para Julita Osendi el problema de la narración radica en la falta de oportunidades para la preparación. «Hay que entrar en las emisoras provinciales, casi adolescentes, y narrarlo todo. Pero, como siempre digo, nosotras cargamos con la faena de cuidadoras y nunca tenemos tiempo para dedicarnos por entero a lo que nos gusta».

Suponiendo entonces que una adquiera esas habilidades «con todas las de la ley» y se evalúe por el tribunal correspondiente, ¿cuáles son las realidades?

Daily, que vive el papel de madre de un niño pequeño, contesta: «Además de talento, la narración lleva mucho oficio, y entre el trabajo periodístico, el doméstico y la atención a la familia, perdemos un tiempo precioso. No obstante, es algo que veo venir muy pronto».

Y ojalá que ande doblando la esquina y nos sorprenda con estilos propios y frescos. No para desplazar ni exteriorizar nuestras capacidades, sino para equilibrar, para ser, sin obstáculos, sin ataduras.