jueves, 30 de marzo de 2017

Agenda ambiental de mujeres (II): ellas reciclan, reutilizan, reinventan…


La especialista principal del TTIB Alamar Este, Andrea del Sol (al centro de la imagen), introduce una de las sesiones de trabajo. Fotos: Jesús Muñoz Machín
Por Jesús E. Muñoz Machín

“¿Por qué reunir a las mujeres de Micro X (poblado de Alamar, en el municipio de la Habana del Este) y visibilizar sus propuestas ambientales?”, preguntaron recientemente varias personas en el Taller de Transformación del Barrio (TTIB) Alamar Este.

“Nosotras tenemos mucho que dar y no siempre hemos podido hacerlo…”, argumentó una de las asistentes con la precisión digna de cualquier manual feminista.

La alocución “tenemos mucho quedar”, así de sencilla, hizo referencia a la fuerza de las mujeres para impulsar iniciativas transformadoras en su comunidad. A su vez, esas palabras confirman cómo los procesos colectivos enriquecen la autoestima y la confianza a nivel personal y también de los grupos en que participan.

De igual modo, invertir la ecuación trasmitida en la frase “(…) no siempre hemos podido hacerlo (…)” fue, desde el inicio, uno de los propósitos esenciales. Sacarlas de la rutina, alejarlas de un contexto, que si bien lo experimentan de maneras diferentes, tiende a estar condicionado por la sobrecarga de roles tradicionales asumidos por ellas —labores domésticas y de cuidado fundamentalmente— y anula sus capacidades de sumarse a los proyectos más trascendentes. E incluso, ante esa realidad, aquellas que sí participan suelen ver limitado su potencial creativo.

“Somos importantes”, “tenemos voz en los espacios sociales”, “por qué no, sí podemos”, “esta es una oportunidad más para dejar claro cuánto valemos”, son expresiones que ilustran igualmente la necesidad de reconocimiento y autoreconocimiento de las mujeres en Micro X, así como la toma de conciencia acerca de sus capacidades.

Las jóvenes deben ser protagonistas de las transformaciones ambientales en Micro X.
La postura también apuesta por visibilizar esas potencialidades y resaltar sus contribuciones, su rol como generadoras de transformaciones sustanciales en su entorno más cercano.

Sin duda, el tiempo compartido en los talleres les dio la oportunidad de revisar sus vidas desde un posicionamiento distinto a lo habitual: ellas como protagonistas, aglutinadoras y creadoras de redes en la localidad.

Ellas reciclan, reutilizan, reinventan, restauran. Además, innovan, transforman, cambian y crean alternativas para la familia y la comunidad. Se reconocen como parte del problema y, a su vez, como el motor impulsor de las soluciones.

De manera paralela a las propuestas ambientales, las protagonistas de la agenda llevan a la comunidad un mensaje esencial: nosotras somos parte vital del desarrollo. Asimismo, interrogan a instituciones y organizaciones con una pregunta trascendente: ¿Cómo lograr que las mujeres sean parte efectiva del desarrollo local y comunitario?

Durante el proceso vivido han explorado y estrechado lazos afectivos, ideológicos, organizativos, en un contexto donde estar aisladas no será nunca una opción viable.

El documento es un reflejo de los problemas, desafíos, intereses y sueños de quienes desean mejorar la comunidad. Muchas ideas parten de experiencias anteriores, anecdotario que lejos de construir un freno, es visualizado como un aprendizaje relevante en aras de no cometer los mismos errores y tomar —no como fórmula, sino como referencia— los aspectos positivos del pasado en materia de gestión de residuos sólidos urbanos.

La elevada cifra de amas de casa, jubiladas, madres adolescentes y otras muchas, generalmente ausentes de la toma de decisiones en el ámbito comunitario, reclaman espacios de participación real en las iniciativas más importantes.

Por ello, la agenda invita a transformar patrones sexistas y excluyentes que consideran como mujeres productivas a aquellas que ocupan un puesto laboral en una institución estatal o negocio privado. En casa, puertas adentro, hay miles que contribuyen a la reproducción social, entendida como aquello que garantiza el funcionamiento de una sociedad.
Los talleres propiciaron el intercambio entre mujeres de diferentes edades.
Este proceso constituye, fundamentalmente, un referente teórico que permite fortalecer el trabajo del TTIB Alamar Este y ofrece pistas importantes a decisores y decisoras sobre cómo las mujeres —y las familias— vivencian y se involucran en la gestión de residuos sólidos.

Además, la experiencia puede describirse como parte de un eslabón vital para aspirar al desarrollo de las comunidades, pues toma como referencia la necesidad de generar calidad de vida y bienestar a partir de la participación y la acción de las personas del lugar.

Las propuestas son realizables, sobre todo si cuentan con el necesario aporte de la sociedad, instituciones y organizaciones de la localidad. De igual forma, la agenda enriquece los diagnósticos ambientales y de género previos del taller y contribuyen a la actualización del Planeamiento Estratégico Comunitario del consejo popular Alamar Este, razón por la cual se conecta con otras iniciativas dirigidas a estimular el desarrollo local, una de las líneas fundamentales en las actuales políticas del país.

No se trata de un informe nacido para engrosar la gaveta de algún escritorio. Las propuestas deben ser compartidas, leídas y reflexionadas en grupo, a la vez que deben ser mejoradas con las experiencias de quienes no participaron en los talleres, pero seguramente tienen mucho que aportar.

Este proceso, aún en marcha, confirma que las mujeres de Micro X cuentan, no como cifras, datos estadísticos, filiación a organizaciones de masas, instituciones y organizaciones, sino desde su individualidad, desde las formas de vivenciar y dar solución a los conflictos cotidianos.

Lograr que las propuestas planteadas sean discutidas, analizadas y solucionadas no representa el final del camino, es solo uno de los momentos en el marco de un proceso mayor que apuesta por la necesaria profundización de la conciencia de género y al desarrollo de la comunidad.

Ver: Agenda ambiental de mujeres (I): crecer en el proceso