jueves, 5 de julio de 2012

El insensócrata II

Por Mario Herrera

Dicen que alguna vez tomó una decisión importante. Cuentan incluso, que en un inicio creía en salvar al mundo, en el sacrificio de ser jefe, de vivir por y para, y no de, que creía en la Revolución.

Aclaran que a veces se acaloraba con las opiniones sin fundamentos de los acostumbrados a la obediencia sin cuestionamiento en nombre de lo desconocido, y que se oponía con barba y ropa hippie a la actitud de “conmigo o contra mí”.

Me susurran que se molestaba con el chistoso concepto de “diversionismo ideológico”. “Claro”, decía, “Yo me divierto con la ideología del enemigo”.

Odiaba, además, las camisas a cuadros, el bolígrafo en el bolsillo y el portafolios lleno de directrices y prohibiciones, y más que nada, el Lada soviético del jefe que no sabía lo que era una guagua y exigía puntualidad sin haber montado jamás en ese medio de transporte público.

Se burlaba de los “Cuadros Cuadrados”.

Dicen que alguna vez el Insensócrata fue uno de nosotros.