miércoles, 30 de noviembre de 2016

Lulo


En estos días no he podido hablar con mi abuelo Obdulio Machín y eso me preocupa. Quiero saber cómo está, aunque lo intuyo. No está bien y aunque se esfuerce en disimularlo, seguramente todo el mundo lo nota.

Dice el vecino que mi abuelo anda pegado a su radio, probablemente reviviendo esos momentos del proceso revolucionario de los que fue protagonista, esos que aún conserva nítidos en su fatigada memoria de 80 años.

Lulo, como le decimos familiares y amistades, es un fidelista sin “pero…”. Él no soporta esa preposición cuando se habla de Fidel Castro o la Revolución.

Abuelo dice que el “pero” es un “arma del enemigo”, que solo sirve para distraer la atención y obviar lo verdaderamente esencial: la huella y el legado de Fidel, la resistencia, el antinjerencismo, el sacrificio, la entrega total a un país, un continente y su gente.

Yo, que sí creo en el poder del “pero” para explicar el mundo con matices, hoy no me atrevo a llevarle la contraria.